El mercado automotor argentino transita un inicio de 2026 marcado por una profunda transformación. La inminente y masiva llegada de vehículos eléctricos provenientes de China ha encendido las alarmas en las terminales locales, generando un clima de cautela ante lo que consideran un desafío estructural para la industria nacional.
Impacto en la estructura de precios
El principal foco de tensión radica en la agresiva competitividad de las marcas asiáticas. Con estructuras de costos optimizadas y subsidios de origen, los modelos eléctricos chinos amenazan con ingresar al mercado a valores que podrían desestabilizar la oferta local. Para los consumidores, esto representa una oportunidad de acceso a nuevas tecnologías; sin embargo, para las automotrices radicadas en el país, supone una presión deflacionaria difícil de sostener sin afectar la rentabilidad.
El desafío para la producción nacional
Más allá de la guerra de precios, la preocupación de fondo es el futuro de las plantas argentinas, históricamente especializadas en pickups y motores a combustión. La reconversión hacia la electromovilidad requiere inversiones millonarias y tiempo.
Desde el sector, exigen un marco regulatorio claro que equilibre la apertura comercial con la protección del empleo argentino. Advierten que una apertura indiscriminada sin una estrategia de transición industrial podría derivar en una primarización del mercado, relegando a Argentina a un rol de mero importador en lugar de productor tecnológico.

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