La crisis de Lácteos Verónica alcanzó un punto de no retorno este fin de semana. Tras el incumplimiento del cronograma de pagos acordado con el gremio Atilra, los trabajadores iniciaron una retención de tareas que mantiene paralizadas las tres plantas que la firma posee en la provincia de Santa Fe: Clason, Lehmann y Suardi.
El conflicto se reactivó cuando los depósitos semanales destinados a cancelar deudas salariales comenzaron a llegar de forma incompleta. El esquema pactado preveía el pago de un millón de pesos por empleado cada lunes, pero la falta de liquidez de la empresa dinamitó el acuerdo y profundizó el malestar social a pocos días de las fiestas.
Deuda millonaria y falta de materia prima
La situación financiera de la compañía es alarmante. Según registros del Banco Central, Lácteos Verónica acumula cheques rechazados por una cifra que supera los 10.900 millones de pesos. Esta insolvencia se traduce en una parálisis operativa total: la empresa hoy no cuenta con leche propia para producir.
"La planta de Clason está detenida por falta de materia prima", señalaron fuentes del sector. A la crisis con los empleados se suma una deuda con productores tamberos estimada en 60 millones de dólares, de los cuales casi un tercio corresponde a leche cruda entregada y nunca abonada por la firma de la familia Espiñeira.
Esta ruptura en la cadena de pagos provocó que más de 150 tambos decidieran redireccionar su producción hacia otras usinas lácteas. Sin la confianza de los proveedores y con los transportistas afectados por los incumplimientos, la marca Verónica ha desaparecido prácticamente de las líneas de producción propias.
El fin del "fasón" y la incertidumbre por la venta
Hasta el momento, la planta de Lehmann lograba subsistir mediante contratos de fasón, procesando leche para terceras marcas. Sin embargo, este modelo de supervivencia tiene fecha de vencimiento: el próximo 8 de enero finaliza el acuerdo, lo que dejaría a la unidad productiva sin ningún tipo de ingreso operativo.
En este contexto de asfixia, los rumores sobre una posible venta han vuelto a cobrar fuerza. Durante el mes de noviembre, directivos de Adecoagro fueron vistos recorriendo las instalaciones de Clason, lo que despertó expectativas sobre un eventual desembarco de la multinacional en la región.
Sin embargo, las negociaciones permanecen estancadas. Versiones cercanas a la empresa indican que diferencias internas entre los propietarios dificultan cualquier toma de decisión estratégica o la firma de un acuerdo de capitalización que permita saldar las deudas y reactivar las calderas.


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