Pese a la bajante del Paraná, la exportación de sábalo creció y enciende la alarma ambiental en la cuenca

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La presión comercial sobre el río Paraná se intensificó notablemente pese a los históricos bajos niveles de caudal y las advertencias científicas. La exportación de sábalo, el pez más demandado a nivel internacional de la cuenca, experimentó un crecimiento considerable en los últimos cuatro años, lo que generó una alarma ambiental y llevó a Santa Fe a tomar una medida inédita.

Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, en 2024 se vendieron 6.700 toneladas de sábalo, un 15% más que las 5.700 registradas en 2021. Si bien el pico fue en 2023 con 8.500 toneladas, el aumento sostenido desde 2022 pone en riesgo la sustentabilidad del recurso ictícola, cuyas exportaciones provienen principalmente de frigoríficos de Entre Ríos y Santa Fe.

La Decisión Inédita de Santa Fe y la Alarma Científica

Frente al riesgo de sobreexplotación, la provincia de Santa Fe decidió prohibir por un año la exportación de pescado capturado en los ríos de su territorio, con vigencia desde diciembre hasta octubre de 2026. Es la primera vez que la provincia adopta una suspensión total de la venta al exterior, más allá de las vedas temporales o los volúmenes máximos de captura.

El ministro de Ambiente de la provincia, Enrique Estévez, explicó que la medida no afectará el consumo local ni los peces de criadero, sino que busca "preservar la biodiversidad y garantizar el futuro de la actividad pesquera". La necesidad de una medida tan drástica se basa en investigaciones que muestran un grave deterioro de la población.

Las mediciones del Proyecto Ebipes, que estudia los recursos pesqueros, indican que solo seis de cada 100 ejemplares de sábalo están en condiciones de reproducirse. Este dato pone en jaque la supervivencia de la especie, que además es fundamental por ser la base de la cadena alimenticia de otros peces del Paraná.

El Sábalo, un Negocio Internacional en Auge

El sábalo se consolidó como un negocio rentable en los años noventa debido a su similitud con el bocachico, un pez colombiano que fue sobreexplotado hasta casi su extinción. Esto convirtió al Paraná en el gran proveedor internacional, con destinos que incluyen Colombia, Bolivia, Brasil, Costa de Marfil y Nigeria.

Los peces, que salen congelados y eviscerados en cajas, tienen a Entre Ríos como principal exportador, seguida por Santa Fe y, en menor medida, Buenos Aires. El volumen de 6.700 toneladas de 2024, aunque lejos del récord de 17.000 toneladas de hace una década, muestra una demanda que la bajante del río no pudo frenar.

La preocupación se centra en que, pese a los datos oficiales de exportación, existe escasa información sobre el consumo interno y la pesca deportiva. Esto sugiere que el número real de peces extraídos del río es significativamente mayor, alimentando el riesgo de colapso ambiental de la especie.

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