
El sindicalismo rosarino atraviesa una fractura silenciosa que se convirtió en un grito abierto tras la presión de diversos gremios, que cuestionan la postura de la conducción regional frente al rol del dirigente camionero Sergio Aladio y la falta de respuestas gremiales ante la crisis económica.
La Confederación General del Trabajo (CGT) Regional Rosario, una de las centrales obreras con mayor peso estratégico en el mapa nacional, se encuentra sumergida en una crisis de representatividad interna que amenaza con reconfigurar el tablero sindical de la provincia de Santa Fe. En las últimas semanas, un arco de sindicatos con fuerte despliegue territorial comenzó a cuestionar con dureza la inacción de la actual conducción frente a las políticas nacionales de ajuste, centrando sus críticas en la figura de Sergio Aladio, secretario general de Camioneros en Santa Fe, a quien señalan como un factor de dispersión y connivencia con el statu quo gubernamental.
La fractura no es nueva, pero adquirió una dimensión diferente tras el impacto del DNU y las medidas desregulatorias que golpearon de lleno a los sectores productivos de la región. Mientras la cúpula cegetista local mantiene una postura de cautela, que sus detractores definen como un "silencio cómplice", el malestar en las bases va en aumento, alimentado por la falta de medidas de fuerza efectivas que alcancen a los trabajadores que hoy ven licuado su poder adquisitivo día tras día.
El rol de Aladio y la crisis de identidad de la regional
El núcleo de la discordia apunta directamente hacia Sergio Aladio. Históricamente enfrentado a la conducción nacional de Hugo y Pablo Moyano, el dirigente camionero logró mantener una estructura autónoma que le permitió negociar con el poder político de turno, independientemente de su signo partidario. Sin embargo, esta estrategia de "independencia" es vista hoy por el resto de los gremios de la CGT Rosario como un obstáculo para la unidad de acción.
"La falta de un liderazgo que unifique a todos los sectores permite que actores externos o gremios que juegan su propio partido terminen condicionando la agenda de la regional", sostienen voces disidentes dentro del edificio de calle Paraguay. Según estas fuentes, la inacción de la CGT no es producto del azar, sino de un diseño estratégico donde la figura de Aladio funciona como un amortiguador que impide la toma de decisiones corporativas que busquen confrontar con el modelo económico vigente.
La tensión alcanzó su punto máximo cuando el resto de los sindicatos nucleados en la regional notaron que, mientras ellos buscaban un plan de lucha, sectores cercanos al camionero mantenían canales de diálogo abiertos con funcionarios nacionales y provinciales, evitando cualquier medida que pudiera tensionar la relación con los sectores empresarios o el Ejecutivo.
La inacción como estrategia: un modelo bajo la lupa
Los gremios críticos, entre los que se cuentan sectores de los servicios, la industria alimenticia y la construcción, argumentan que la CGT Rosario ha perdido su rol como "trinchera de los trabajadores". El descontento se traduce en una pregunta recurrente: ¿por qué una ciudad que concentra un polo industrial y portuario fundamental para el país, y que cuenta con una masa crítica de trabajadores envidiable, tiene una CGT que no ha logrado poner en marcha una movilización masiva desde la asunción del nuevo gobierno nacional?
Para los dirigentes que impulsan un cambio de timón, la respuesta es clara: existe un temor reverencial a perder beneficios o a desestabilizar un equilibrio de poder que, aseguran, beneficia a unos pocos dirigentes pero perjudica al conjunto de la clase trabajadora. "La regional está anestesiada. Se han privilegiado las relaciones personales y el mantenimiento de los cuadros de poder por sobre la necesidad de salir a la calle a defender los convenios colectivos de trabajo que están siendo atacados", sentenciaron fuentes cercanas a los sindicatos que hoy encabezan la disidencia.
Este parate de la actividad gremial no solo genera tensión con las bases, sino que también debilita el poder de negociación de la regional frente a las cámaras empresarias. Si el empresariado nota que la central obrera no tiene cohesión, ni decisión de confrontar, las discusiones paritarias se vuelven más rígidas y los derechos adquiridos se vuelven más vulnerables a los recortes.
El impacto en las bases y la amenaza de una ruptura definitiva
El contexto económico no ayuda a calmar las aguas. La pérdida de 20.000 empleos registrados y el cierre de unas 3.000 empresas en la provincia en lo que va del año son datos que, según los dirigentes opositores, deberían haber obligado a la CGT a liderar un proceso de resistencia. Sin embargo, ante la ausencia de una respuesta coordinada, el clima en las plantas industriales y en los centros comerciales a cielo abierto es de frustración.
"Los trabajadores no entienden por qué sus gremios se quedan en la queja por redes sociales o en reuniones de café mientras el salario se hace polvo", afirman representantes de los gremios metalúrgicos. La falta de una convocatoria a un plenario de delegados donde se discuta la situación real del empleo en Rosario es, para muchos, la evidencia más cruda de la falta de voluntad para cambiar el rumbo.
Esta situación está forzando a los sindicatos descontentos a buscar alternativas. Algunos ya comenzaron a conversar sobre la formación de un espacio de "unidad de acción" que funcione paralelamente a la CGT oficial, o incluso, bajo el paraguas del Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA) o sectores más combativos de la CTA, buscando recuperar la agenda de lucha que, consideran, ha quedado secuestrada por la inacción.
La posibilidad de una ruptura definitiva parece cuestión de tiempo. La pregunta que sobrevuela el edificio de la calle Paraguay no es si la CGT Rosario se fragmentará, sino cuándo. Mientras tanto, la inacción de la conducción y la sombra de Aladio sobre la toma de decisiones siguen siendo el combustible que mantiene viva la llama del malestar sindical en una de las ciudades más importantes del país. La paz social en el sector parece ser, por ahora, una tregua precaria en un conflicto que no hace más que profundizarse día tras día.
De acuerdo con información difundida por: LETRA P

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