El productor Julio Cittadini comenzó a comercializar cortes de burro en Chubut para aprovechar campos no aptos para el ganado tradicional y diversificar la oferta cárnica regional.
La estepa patagónica sumó una opción inédita a sus carnicerías. En la localidad de Trelew, el productor rural Julio Cittadini inició la venta de carne de burro, una iniciativa que busca transformar a un animal históricamente asociado al trabajo en una proteína de consumo masivo. Con el aval del Ministerio de la Producción y estrictos controles bromatológicos, el proyecto piloto ya agotó su primer stock en menos de 48 horas.
El fin de la crisis ovina y el surgimiento del burro
La propuesta no responde únicamente a la coyuntura económica, sino a una necesidad de adaptación del suelo. Según explicó Cittadini, la producción de ovejas en la región sufrió un retroceso marcado debido a factores climáticos y la falta de rentabilidad. Ante la imposibilidad de criar vacas en campos que no son aptos para dicha especie, el burro surgió como la alternativa natural por su resistencia a las duras condiciones de la meseta.
"En la mayoría de esos campos que se cierran a la producción ovina no es posible la explotación vacuna. Ahí surgió el burro por su carácter aguerrido para mantenerse en la estepa", señaló el impulsor del proyecto.
Precios competitivos y similitud con la carne vacuna
Uno de los principales atractivos para el consumidor es el valor en el mostrador. Actualmente, los cortes de burro se comercializan a un precio promedio de $7.500 el kilo, una cifra sensiblemente inferior a los cortes tradicionales de novillo. Los carniceros aseguran que la fisonomía del animal permite ofrecer piezas idénticas a las vacunas, como vacío, entraña, costillar y lomo, con propiedades nutricionales similares.
"Lo que se puso al público, que calculábamos que podía durar una semana, se fue en un día y medio", detalló el productor sobre la recepción inicial en los comercios locales.
Barreras culturales y proyección de mercado
A pesar del éxito en ventas, el proyecto enfrenta el desafío de romper con la carga simbólica del burro en la cultura argentina. Mientras que en países como Italia, Francia y China su consumo está normalizado y existen frigoríficos especializados, en el plano local todavía persiste una resistencia ética por el rol del animal como compañero de tareas rurales.
"La figura del burro como alimento es una barrera que el argentino tiene que levantar", admitió Cittadini, aunque confía en que la práctica se normalizará progresivamente en el mercado interno, tal como sucede con otras carnes no tradicionales de la región.


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