
La investigación por el violento episodio registrado en San Cristóbal dio un giro determinante tras el secuestro del teléfono celular del adolescente implicado. Los peritos judiciales consideran que el dispositivo móvil contiene información vital para reconstruir los momentos previos al ataque y esclarecer las motivaciones detrás del hecho.
Según fuentes cercanas a la causa, el joven mantenía un perfil marcadamente retraído en el plano físico, concentrando la totalidad de su actividad social en plataformas digitales y comunidades de videojuegos. Esta vida virtual es ahora el foco de los especialistas en cibercrimen.
Un perfil forjado en la virtualidad
Los primeros informes indican que la vida social del atacante se limitaba casi exclusivamente a las redes sociales. Los investigadores analizan historiales de chat, publicaciones y registros de actividad en diversos foros para determinar si existieron señales de alerta que pasaron desapercibidas para su entorno cercano.
El análisis técnico no solo busca contactos frecuentes, sino también patrones de comportamiento que coincidan con discursos de violencia, elementos que suelen aparecer en casos de esta magnitud.
La clave de la premeditación
El objetivo principal del peritaje es confirmar si el ataque fue un acto impulsivo o si, por el contrario, existió una planificación deliberada. Los investigadores subrayan que cualquier rastro de organización previa —como búsquedas de armas, mapas o mensajes— debería estar alojado en la memoria del equipo.
En los próximos días, el Ministerio Público Fiscal recibirá los resultados de la extracción de datos, lo que permitirá avanzar en la causa y definir el futuro procesal del menor involucrado en el tiroteo.

📝 ¡Gracias por tu lectura!
Tu feedback no solo mejora el contenido, sino que también inspira a otros lectores.
📝 ¡Gracias por tu lectura!
Tu feedback no solo mejora el contenido, sino que también inspira a otros lectores.